Mallorca es la mayor de las islas que integran el archipiélago balear. Este conjunto insular está situado en el centro oeste del Mediterráneo occidental y emerge sobre una plataforma submarina, separada de las costas catalanas por un canal de más de mil metros de profundidad. Juntamente con Menorca, Ibiza, Formentera, Cabrera y otras islas e islotes menores, forma el archipiélago de las Baleares.
Su extensión, si la comparamos con las grandes islas del entorno (Córcega, Cerdeña o Sicilia) es reducida. Mallorca tiene 3.667 km2, con un perímetro de 565 Km. Y una altitud máxima, el Puig Major, de 1.445 m. La distancia máxima de extremo a extremo, entre el extremo oriental (cabo de Capdepera) y el extremo occidental (Sant Elm) es de 95 Km., mientras que la zona más septentrional (cabo de Formentor) se halla a 79 km. De la más meridional (cabo de Ses Salines). En suma, es la séptima isla mayor del Mediterráneo y, junto con Menorca, la más alejada del continente.
A pesar de esto, ofrece una diversidad fisiográfica notable. Dos líneas de montañas forman el esqueleto de Mallorca: la sierra de Tramuntana, al noreste, y las sierras de Llevant, al sureste. Entre éstas, se halla la zona plana de la isla, en la cual pueden distinguirse tres subunidades: el Raiguer, al pie de la sierra de Tramuntana, que conserva cierto desnivel, el Pla propiamente dicho, y el Migjorn. La marina de Llevant completa el conjunto de comarcas físicas de Mallorca.
La media total anual de pluviometría es de 550 l/m2, aunque existen diferencias internas notables, en cuanto al volumen de lluvia, que fluctúa de un lugar a otro entre los 350 y los 1500 mm. El régimen de precipitaciones es estacional, coincidiendo la estación seca con la estación cálida (verano). El clima es típicamente mediterráneo, con temperaturas medias templadas que se sitúan entre los 16 y los 18ºC (exceptuando la alta montaña), con máximas medias durante el verano de 30ºC y mínimas las noches de invierno de 6ºC, a pesar de que hay subidas y bajadas, casi cada año, por encima de 35ºC y por debajo de –2ºC.
La vegetación se caracteriza por el predominio del pino, que ha arrinconado la encina en los lugares más fríos, en las zonas de montaña y sin cultivos, del almendro y, en menor medida, el algarrobo y el olivo en las áreas cultivadas. Las zonas de regadío son escasas y, en conjunto, la agricultura ha pasado a ocupar un lugar casi testimonial. La causa es una sobreexplotación del turismo y de los servicions asociados, actividades que, junto con la construcción, absorben gran parte de la economía de la isla. Ésta, hasta mitad del siglo XX, tenía un carácter parcialmente autártico, pero el «boom» del turismo ha provocado cambios importantes. Uno es el espectacular aumento de la población, que a estas alturas sobrepasa los 800.000 habitantes, la mitad de los cuales viven en Palma. Este incremento se ha debido a la emigración, inicialmente de origen español y, a partir de la década de los 90, también europea, norteafricana, subsahariana y sudamericana.
El resultado es una isla cada vez más densamente poblada y con un alto nivel de vida pero que, por el contrario, ha visto como su patrimonio natural ha sufrido un proceso de degradación y destrucción, conocido con el nombre de «balearización», porque en las otras islas ocurre con mayor (Ibiza) o menor (Menorca) intensidad el mismo fenómeno. También el patrimonio cultural se ha echado a perder, con contínuas agresiones contra el patrimonio histórico, arqueológico y artístico, y un proceso de minorización del catalán, la lengua propia de las Baleares.